En la regulación del clima global
participan todos los sistemas de la naturaleza: la atmósfera y la hidrosfera
(sobre todo los océanos), la criosfera (hielo, nieve), la litosfera (la corteza
terrestre) y la biosfera.
En las últimas décadas, también el ser
humano (como causante del aumento en la emisión de gases de efecto invernadero,
como el dióxido de carbono y el metano) se ha convertido en un factor que
afecta al clima.
En el sistema climático de la
Tierra, el mar cumple una función primordial. La elevada
capacidad calórica del agua marina y las particularidades de su balance
térmico, como la mezcla de las capas superiores, amortiguan las diferencias de
temperatura a lo largo del año. Tanto el sistema de circulación general de la
atmósfera como el de los océanos contribuyen, en proporciones similares, al
equilibrio térmico entre las latitudes altas y bajas.
Además, los océanos influyen sobre el clima no sólo térmicamente, sino también
como parte de los grandes ciclos biogeoquímicos, especialmente el ciclo del
carbono que, en forma de dióxido de carbono, es fundamental para la futura
evolución del clima. Quien quiera saber hoy cómo será el clima mañana, no puede
ignorar los océanos
El ciclo hidrológico es un proceso continuo pero irregular en el espacio
y en el tiempo. Una gota de lluvia puede recorrer todo el ciclo o una parte de
él. Cualquier acción del hombre en una parte del ciclo, alterará el ciclo
entero para una determinada región. El hombre actúa introduciendo cambios
importantes en el ciclo hidrológico de algunas regiones de manera progresiva al
desecar zonas pantanosas, modificar el régimen de los ríos, construir embalses,
etc.
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