Es esencial para la supervivencia de todas las formas conocidas de vida, el agua es esencial para la mayoría de las formas de vida conocidas por el hombre, incluida la humana. El agua es un elemento crítico para la proliferación de la vida. El agua desempeña este papel permitiendo a los compuestos orgánicos diversas reacciones que, en último término, posibilitan la replicación de ADN. De un modo u otro, todas las formas de vida conocidas dependen del agua. Sus propiedades la convierten en un activo agente, esencial en muchos de los procesos metabólicos que los seres vivos realizan.
Desde esta perspectiva metabólica, podemos
distinguir dos tipos de funciones del agua: anabólicamente, la extracción
de agua de moléculas (mediante reacciones químicas enzimáticas que consumen
energía) permite el crecimiento de moléculas mayores, como
los triglicéridos o las proteínas; en cuanto
al catabolismo, el agua actúa como un disolvente de los enlaces entre
átomos, reduciendo el tamaño de las moléculas (como glucosas, ácidos grasos
y aminoácidos), suministrando energía en el proceso. El agua es por tanto
un medio irremplazable a nivel molecular para numerosos organismos vivos. Estos
procesos metabólicos no podrían realizarse en un entorno sin agua, por lo que
algunos científicos se han planteado la hipótesis de qué tipo de mecanismos
como la absorción de gas, asimilación de minerales, podrían mantener la vida
sobre el planeta.
El cuerpo humano está
compuesto de entre un 55% y un 78% de agua, dependiendo de sus medidas y
complexión. Para evitar desórdenes, el cuerpo necesita alrededor de
siete litros diarios de agua; la cantidad exacta variará en función del nivel
de actividad, la temperatura, la humedad y otros factores. La mayor parte de
esta agua se absorbe con la comida o bebidas.

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